Cantautor canalla con gran prestigio a lo ancho y largo de la geografía hispana. Combina una imagen de pillo y maldito, izquierdista transgresor y -últimamente- entrañable...
Cuando los últimos rayos de sol se pierden en el horizonte, el cantautor canalla se despierta cada día para vivir la existencia bohemia que inspira sus composiciones. Adolescente de vida agitada, joven sin límites y adulto socarrón, Joaquín Sabina ha mantenido una carrera coherente con su evolución comercial. Si bien no aporta nada nuevo al panorama musical de nuestro país, es indudable que su música emana cierta esencia procedente del lado más salvaje de la vida. Y ya se sabe, es preferible ser lo peor que crear indiferencia...
Joaquín Ramón Martínez Sabina nace en Úbeda, Jaen, el 12 de febrero de 1949. Tras haber demostrado ser un buen alumno, su padre, policía de profesión, le regala la primera guitarra al concluir sus estudios primarios. De joven se inicia en los clásicos de la literatura nacional, así como en escritores foráneos como Proust o Joyce. Al tiempo, empieza a escribir sus primeros textos mientras forma el efímero grupo de rock Merry Youngs. En 1968 se matricula en la Universidad de Granada y durante el estado de excepción, su propio padre es el encargado de detenerle. Colabora con la publicación Poesía 70, hasta que su activismo va más allá de las palabras y debe exiliarse en Londres. Allí pasa siete años de su vida entre casas ocupadas, empleos diversos y sus primeras actuaciones como solista en locales de la ciudad. Precisamente en una de aquellas actuaciones tiene la oportunidad de cantar ante George Harrison, quien le da un billete de 5 libras a modo de propina, una reliquia que el cantautor todavía conserva como oro en paño. En el exilio telonea a artistas como Lluís Llach o Paco Ibáñez entre otros, además de participar en actividades culturales que abarcan del teatro a la literatura.
Cuando en 1977 recupera su pasaporte, Joaquín Sabina regresa a España y tras cumplir con el servicio militar obligatorio, debuta desde Madrid con el álbum Inventario (1978). Sus recitales se llevan a cabo en pubs de la ciudad y mítines políticos teñidos de rojo, mientras empiezan las conocidas actuaciones junto a Javier Krahe y Alberto Pérez en el madrileño café La Mandrágora. En 1980 llega Malas compañías, su segundo trabajo, poco antes de la grabación de un disco en directo junto a Krahe y Pérez llamado simplemente La Mandrágora (1981). El jienense compagina los conciertos del trío con diversas ocupaciones, entre ellas la composición de temas para otros artistas como Ana Belén o Miguel Ríos. En 1983, el proyecto La Mandrágora decide disolverse y Sabina regresa en solitario con el álbum Ruleta Rusa, donde incorpora el componente eléctrico en sus arreglos. Graba junto a Vainica Doble la sintonía del programa gastronómico Con las manos en la masa y en 1985 publica Juez y Parte, tras abandonar el sello CBS y entrar a formar parte de la escudería BMG-Ariola. El doble Sabina y Viceversa -su banda de acompañamiento- en directo aparece en 1986, para lograr unas respetables ventas próximas al medio millón de copias. La progresión comercial sigue con Hotel, dulce hotel (1987), una colección de canciones agridulces que cuela más de un single en las listas de éxitos. El hombre del traje gris (1988) lleva su éxito hasta Hispanoamérica, con multitudinarias giras por países como México o Venezuela. En 1990 llega Mentiras piadosas con un Sabina convertido en súper-ventas, seguido de Física y química (1992) y una extensa presentación de 188 shows al otro lado del Atlántico. Durante los primeros 90 entrega Esta boca es mía (1994) y Yo, mi, me contigo (1996), antes de embarcarse en una fallida aventura junto al argentino Fito Páez en 1998. Junto a éste graba el álbum Enemigos íntimos, aunque las diferencias creativas hacen que se suspenda incluso la gira que tienen prevista para su presentación. Un polémico intercambio de poemas entre ambos músicos pone punto y final a su relación.
Joaquín Sabina vuelve con 19 días y 500 noches (1999), un trabajo de madurez que retoma sus mejores rasgos para dar lugar a canciones cada vez más personales. Los achaques en su salud le dan más de un susto, aunque el cantautor no disminuye su ritmo de entregas y en 2001 aparece Nos sobran los motivos, un nuevo álbum en directo con dos partes bien diferenciadas según los CDs que incluye -uno acústico y otro eléctrico-.

